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COLOMBIA: ¿Está preparada nuestra economía para el coronavirus?

Se agotaron las mascarillas en varias ciudades colombianas en anticipación a la llegada del Coronavirus. Los ciudadanos se apertrecharon: cuando llegue—habrán pensado—estaremos listos. Y la economía ¿está lista?


Marc Hofstetter Profesor, Facultad de Economía Ph.D en Economía, Johns Hopkins University

Desde el punto de vista de los efectos sobre la economía y por tanto del recetario de políticas, un virus como este tiene dos efectos distintos. Por un lado, representa una disrupción en las cadenas de suministros de bienes y servicios internas y externas: lugares donde se producen insumos, que luego son enviados a otros sitios, pueden caer en cuarentenas que impidan su fabricación o envío imposibilitando la producción o ensamble de otros bienes y servicios. A esto los economistas lo llamarían un choque de oferta. La respuesta Estatal a dichas disrupciones no es obvia: podría haber algunos sectores que entren en dificultades financieras porque temporalmente se quedaron sin insumos o porque las cuarentenas locales les impiden producir. Si el Estado lograra identificar puntualmente a esas empresas o sectores podrían lanzarles salvavidas. Pero esa identificación no será sencilla. Lo que está claro es que esa arista del problema no se arreglaría con más gasto público o con política monetaria expansiva. Por otro lado, la economía podría sufrir una caída en la demanda. La cancelación de eventos y viajes está a la orden del día. El turismo tendrá un año complejo. La demanda global de bienes primarios, motor de economías como la nuestra, podría deprimirse. La Ocde acaba de actualizar sus perspectivas: prevé un crecimiento global menor en medio punto porcentual al que habían calculado antes de la crisis. La receta para lidiar con caídas en la demanda suele ser clara. Tanto el Banco Central como el gobierno pueden entrar a empujarla: el primero vía reducciones en la tasa de interés; el segundo con expansiones en el gasto o reducciones en impuestos. Aquí es donde los retos locales se vuelven relevantes. Por el lado de las finanzas públicas, el espacio que tenemos para sostener un impulso a la demanda es muy limitado. La deuda pública como porcentaje de la actividad económica se ha trepado por encima de 50 por ciento, un nivel mucho más alto que el que teníamos cuando lidiamos con problemas externos en 2008 y 2014. Adicionalmente, las reformas tributarias recientes abrieron un gran signo de interrogación alrededor de la capacidad del Estado de recaudar lo necesario cuando las reducciones prometidas entren a operar a todo vapor. Luce difícil pensar que por ese lado tendremos munición. Y por el lado monetario, si bien el Banco puede bajar tasas no lo podría hacer con la fuerza de episodios anteriores (por ejemplo, en la crisis financiera global bajó las tasas en 7 puntos porcentuales—del 10 al 3 por ciento). Hoy con la tasa de interés en 4.25 no existe tanto músculo. Hay munición, pero menos que antaño. El soporte fiscal o monetario de la demanda se enfrentaría a un reto que no está presente en otros enfriamientos: la posibilidad de que los hogares simplemente no estemos dispuestos a consumir servicios donde haya presencia masiva de gente (restaurantes, bares, turismo, conciertos, deportes, congresos, conferencias, etc). Si eso así, el impulso fiscal o monetario, si lo hubiera, podría ser menos efectivo y quizás veamos reflejada la crisis en problemas de difícil solución en el empleo y los ingresos de muchos hogares. Así, por el lado de efectos en la oferta no es obvio que tengamos herramientas efectivas. Por el lado de la demanda, hay menos espacio para actuar que en el pasado y aún si lo usamos no está claro que sus efectos sean tan útiles como en otras ocasiones. Ese panorama caería en un terreno fértil para el descontento social, con altas tasas de desempleo y con la espada del regreso de las manifestaciones de finales de 2019 desenvainada. En el camino, la respuesta de las autoridades sanitarias será clave: claro que hay que lidiar con las consecuencias del virus; claro que hay que minimizar su expansión. Pero no podemos poner al mundo en pausa ni convertirnos en un lazareto. Mientras vamos entendiendo los efectos económicos y las posibles respuestas, allí está el reto fundamental.


Tomado de:

https://uniandes.edu.co/es/noticias/salud-y-medicina/esta-preparada-nuestra-economia-para-el-coronavirus?fbclid=IwAR16c2vBgD7-4z0ZXXRxr2kAQ8nX6BbEy1fdqiADBX-Fkd1qiAAeusEU9yk

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