Un ejemplo para imitar: Guayaquil venció el COVID-19. (Contexto)

Las noticias que nos llegaban de esa ciudad nos hacían creer que el COVID-19 estaba arrasando con ella y que la situación del Perú era mucho más esperanzadora. Hoy, todo es distinto.

En marzo, y en los primeros días de abril, Guayaquil atravesó una situación dramática. Las imágenes que trascendieron a los medios y redes sociales eran dantescas. El sistema de salud había colapsado; largas filas de enfermos y moribundos en las afueras de los hospitales; muchos muertos en las casas y en las calles, que no podían ser retirados; farmacias desabastecidas; y un ambiente general de pánico. Las cifras de fallecidos superaron los 400 por día, durante varias semanas.


Actualmente, solo 7 semanas después, los hospitales no están congestionados, hay camas para los enfermos graves y también camas UCI. El número de nuevos contagios ha disminuido progresivamente; los que presentan síntomas son atendidos y, si es el caso, reciben medicación; y el promedio de fallecidos es menor a 10 al día.


¿Qué es lo que ha ocurrido? ¿Cómo lo consiguieron? Un grupo de personas e instituciones del sector privado, principalmente empresarios, con la aprobación más o menos explícita de las autoridades, asumieron con decisión el reto de solucionar el problema y formaron el Comité Especial de Emergencia por Coronavirus en Guayaquil. Lo lideró el exalcalde de Guayaquil, Jaime Nebot Saadi, quien delegó buena parte de la dirección a la señora María Gloria Alarcón, que había sido la primera presidenta mujer de la Cámara de Comercio de Guayaquil hasta el 2010.


Se formaron equipos que se pusieron a analizar a fondo el complejo problema y a trabajar con rapidez. En 24 horas ya habían recaudado un millón de dólares y en pocas semanas tenían un fideicomiso por dos millones y medio, que ha permitido ir afrontando los gastos. Asumieron todos los frentes, con grupos de trabajo y un comité central, en estrecha coordinación con los respectivos responsables de los gobiernos local y central.


No esperaron formalizar los permisos o encargos, la situación crítica no permitía un solo día de retraso; bastaba el diálogo directo, telefónico casi siempre, con las distintas autoridades y actuar. Todas las instituciones aportaron: el Cuerpo de bomberos, la Cruz Roja los directores de los hospitales e infectólogos, la Iglesia católica y otras.


En el Comité central, junto con los empresarios, participaron médicos experimentados, uno de ellos exministro de salud, y contaron con asesoría jurídica. Los grupos de trabajo fueron los necesarios para asegurar la logística de abastecimiento de insumos y el suministro de alimentos. Las empresas pusieron a disposición su personal, sus contactos y activos varios, como camiones para reparto, etc.


La dificultad era enorme: un 40 % del personal médico estaba infectado, porque no hubo al principio los adecuados equipos de protección personal (EPP). Apenas había medicinas. Tampoco había la posibilidad de tomar un número grande de pruebas rápidas y mucho menos moleculares. Lo peor es que casi nada de esto se podía conseguir en Ecuador. Trataron de importarlo y tampoco se podía: los países habían restringido la salida de esos remedios e implementos necesarios para su propia emergencia médica.


Eso no los detuvo. Movilizaron a los proveedores de sus empresas, de distintos países, y consiguieron saldos que, sumados, permitieron atender las necesidades más urgentes de material de protección. Faltaban remedios esenciales como la hidroxicloriquina y la azitromicina, que tampoco podían comprarse en Ecuador ni fuera. En este caso la solución fue importar la materia prima y las compañías farmacéuticas de Guayaquil y Quito produjeron esos remedios como genéricos (inicialmente incluso tuvieron que envasarlas en blisters preparados para otros medicamentos). Muy pronto se pudo disponer de la cantidad necesaria para todos los enfermos, de Guayaquil y de todo Ecuador.


El objetivo principal fue atender a los pacientes en las etapas iniciales de la enfermedad, para evitar la llegada masiva a los hospitales. Para ello, además de las clínicas, postas médicas y dispensarios existentes, se habilitaron muchos puntos de atención distribuidos por toda la ciudad y áreas rurales, acondicionando coliseos, y locales de distinta naturaleza, hasta parques con toldos, para que allí acudiera la población, que tuviera síntomas de infección, y fuera evaluada por un médico. Este levantamiento de hospitales temporales lo hicieron mayoritariamente los municipios, a los que se apoyó en todo el camino; y también luego, en la dotación de insumos, camas y medicinas.


En esta atención inicial no había opción a pruebas para confirmar: era mejor definir si estaba o no infectado a la vista de los síntomas. Se les registraba para hacerles el seguimiento posterior y se les daba la receta y los remedios (solían ser 16 tabletas de Hidroxicloriquina y 6 de Azitromicina 500), con las instrucciones del caso, que incluían el aislamiento en sus casas o, en algunos casos, en el propio centro de atención por algunos días. Esto demandó un gran trabajo de coordinación del personal sanitario, reforzado por alumnos de Medicina voluntarios. Esto fue clave para que no colapsaran los hospitales principales, a los que solo debían acudir los casos graves.


Aunque hubo algunos bonos para ayudar la población en pobreza, la estrategia utilizada fue la distribución de alimentos a domicilio para evitar aglomeraciones en los mercados, que eran focos de contagio. Esta tarea, de no poca dificultad, fue encomendada en un 90% a la Iglesia católica y al Banco de Alimentos (Diakonía), con apoyo logístico de la empresa privada para el reparto. Además, se consiguió que mejoraran las condiciones en esos mercados, con restricciones en los días de atención de cada vendedor, espaciamiento de puntos de venta y colocación de túneles de desinfección en el acceso.


Algo innovador, que permitió conocer los focos principales de contagio y tomar mejores decisiones, fue utilizar a las empresas encuestadoras, que saben hacer los muestreos para fines estadísticos. Los encuestadores iban acompañados por médicos o enfermeros que hicieron pruebas rápidas, logrando una idea bastante real de número de contagiados, también asintomáticos, en cada zona.


Aunque se mantuvo una cuarentena general a la población y hubo medidas drásticas de confinamiento, a partir de la tercera semana ya se permitió operar a los comercios de cualesquiera productos en la modalidad de delivery.


Y así, día a día, las cifras de nuevos infectados fueron disminuyendo y la situación fue controlada, hasta este momento, en que siguen activos los grupos de trabajo, pero ya fuera de la angustia que agobió a toda la población. Más bien, han podido apoyar el trabajo en otras regiones de Ecuador y, a petición de la Cámara de Comercio de Piura, la señora María Gloria Alarcón explicó todo esto al “Colectivo por el Respeto que merece Piura”, que aglutina las principales instituciones de Piura.


Sin duda, vale la pena aprovechar esta experiencia y, adaptada a circunstancias diversas de cada lugar, podría replicarse en regiones como Piura y otras del Perú donde la magnitud de los problemas ha desbordado la infraestructura hospitalaria y la capacidad de gestión de las autoridades directamente responsables.


En comunicación con los piuranos

El 12 de mayo, en una videoconferencia organizada por la Cámara de Comercio y Producción de Piura, promovida por su vicepresidente y cónsul de Finlandia en esta ciudad, Javier Bereche, la señora María Gloria Alarcón describió la labor realizada por el “Comité Especial de Emergencia por Coronavirus en Guayaquil”, para combatir el COVID-19.


La señora Alarcón, expresidenta de la Cámara de Comercio de Guayaquil y actual cónsul de Finlandia en esa ciudad, explicó con detalle la exitosa experiencia de Guayaquil en el combate contra el coronavirus, gracias a la intervención decidida de un grupo de empresarios de esa ciudad; asimismo, respondió las preguntas planteadas por los asistentes.


Participaron los miembros del colectivo “Por el respeto que merece la región Piura”, así como algunas autoridades y profesionales de Piura.


Tomado de:

http://udep.edu.pe/hoy/2020/un-ejemplo-para-imitar-guayaquil-vencio-el-covid-19/?fbclid=IwAR3i4nF82jdRMzJeORZcWizKOjC8WRXeGv_lWVRqxtghxOy2E_l7XJ5qncg


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